¿Acaso el cristianismo discrimina a la mujer? Parte 2- Pablo y los primeros siglos.

Por Daniel Urrego.


En mi anterior articulo pudimos evaluar si acaso el cristianismo era machista observando el actuar de la persona principal dentro de la Fe cristiana, en esta ocasión quiero llevarlos a examinar uno de los autores más relevantes del Nuevo Testamento, y así mismo, un hombre importante en la historia no solo del cristianismo sino de la humanidad entera, ya que se le confieren títulos como el de ser uno de los grandes “influenciadores” en el pensamiento occidental, estamos hablando de Pablo de Tarso también conocido como el Apóstol Pablo, autor de las Cartas Paulinas dentro de la Biblia. Cuando tocamos el tema de las mujeres relacionándolo con Pablo ciertamente existe polémica, debido a que en algunos versículos de la Biblia (como algunos de los siete que mencione en el primer artículo), parece como si este autor discriminara de cierta forma a la mujer dentro de la iglesia, vamos a evaluar en este articulo estos versículos y así mismo a dar un repaso por el contexto histórico y cultural en el que se encontraban los primeros cristianos (siglos I y II d. C.) .

Pablo, hoy en día es criticado por algunas personas debido al contenido de sus cartas en las que habla con versículos aparentemente machistas, previamente establecí que la lectura crítica de muchas de las personas que sacaban estos versículos a la luz me parecía lamentable, en el sentido de que toman un versículo para atacar a toda la Biblia, a veces sin haber leído el capítulo que contiene dicho verso y mucho menos haber realizado una evaluación cultural e histórica del momento en el que Pablo escribe el contenido de sus cartas. Hago referencia a versículos como 1 Corintios 14:34 y 1 Corintios 11:5-8 en donde Pablo escribe en pro de mantener orden dentro de las congregaciones y entre los primeros cristianos, además del controversial versículo de Efesios 5:21 que tiene por título deberes conyugales, en donde se establece que la esposa debe someterse al esposo, cosa que parece inquietante debido al lenguaje utilizado.


El contexto cultural de los primeros cristianos era sin duda un escenario terrible para la mujer, por una parte, los judíos oraban agradeciendo a Dios por no ser mujeres, y sobre ellas caían juicios que a los hombres se les condonaban, su testimonio no era tomado en cuenta y se les relegaba a una posición inferior, incluso intelectualmente; en otro contexto como por ejemplo la cultura romana de donde Pablo provenía, la función de la mujer era la procreación de varones y únicamente las mujeres de la elite eran respetadas, el cuerpo de la mujer era una propiedad privada del hombre, además, los dioses de la cultura grecorromana solían ser promiscuos y violadores, cosa que establece el historiador Tom Holland en su debate para la plataforma Unbelievable:


“Fue el cristianismo y sus enseñanzas lo que cambio de forma brusca esa cultura, la vida de la mujer, los esclavos y los niños empiezan a ser vistos como valiosos y con importancia intrínseca fundamentada en la muerte de Jesús de Nazaret… Con la llegada de las enseñanzas cristianas se hacen presentes obligaciones para el ciudadano masculino de controlar sus apetitos sexuales y respetar la sexualidad como sagrada, todo esto viene de la imagen que Pablo establece para el hombre, mujer, el matrimonio y la relación de Cristo con la iglesia.” – Tom Holland (2018).

La esposa ¿someterse?

Profundizar en el contraste cultural de las instrucciones de Pablo y las culturas alternas a la cristiana nos ayuda a entender la relevancia de sus cartas más allá de la palabra “someterse” en Efesios; cuando Pablo habla de sometimiento no está haciendo alusión a una obediencia ciega y despiadada que obligue a la mujer a actuar como al hombre deliberadamente le plazca, en el versículo inmediatamente siguiente Pablo escribe: “Esposos amen a sus esposas, así como Cristo amo a la iglesia” (Efesios 5:25) (no se nos puede olvidar que el texto se llama deberes conyugales NO deberes femeninos), Pablo (Dios por medio de él) acabó con la idea de que los deberes conyugales recaían sobre la mujer y que el esposo era dueño autoritario de su vida, por el contrario, da la instrucción a los hombres de amar como Cristo, y no se si usted ha profundizado en esto, pero claramente eso significa que el esposo es ordenado a que por su esposa debe tener un amor tan profundo como el que llevo a Jesús a la cruz, y esto no solo es inmenso en la época en la que se escribe, sino ¡actualmente sigue siendo así!, Dios le da la instrucción al hombre de tener un amor increíblemente grande, y es en Corintios donde Pablo también establece las características del amor: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita con la maldad, sino que se regocija con la verdad, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Cor. 13:4). La carta a los Corintios también tiene una de las instrucciones mas revolucionarias con respecto al pensamiento sexual en el que Pablo y los primeros cristianos se hallaban; como establecimos previamente, el cuerpo de la mujer era pertenencia del hombre y Pablo llega a reafirmar esto diciendo: “la mujer ya no tiene derecho sobre su cuerpo sino su esposo” sin embargo, continua con esto: “Tampoco el hombre tiene derecho sobre su cuerpo sino su esposa.” (1 Cor, 7;4b) Los consejos de Pablo en cuanto al matrimonio son en pro de mantener la unión entre ambos, incluso aconsejando que “no se nieguen el uno al otro” es decir, da como consejo tener relaciones sexuales de forma regular evidentemente dentro del marco establecido. Pablo reafirma los deberes masculinos y reitera en el valor intrínseco de la mujer, haciendo del matrimonio un pacto mucho más a comparación del sometimiento sexual unilateral que había en Roma o Grecia.

¿Qué hay de las instrucciones en la iglesia?

Por supuesto otro de los versículos controversiales trata sobre el papel de la mujer dentro de la iglesia, “las mujeres callen en las congregaciones por que no les es permitido hablar” (1 Cor. 14:34), esto claramente parece una instrucción machista que impide a las mujeres tener un papel relevante dentro de las iglesias, sin embargo, insisto en que es fundamental revisar el contexto de la instrucción. Primero, culturalmente hablando, la iglesia en la ciudad de Corinto (a quien va dirigida la carta de 1ra y 2da de Corintios) estaba envuelta en problemas culturales por que se había permeado de costumbres paganas con respecto a la sexualidad, la mujer estaba ocupando un lugar de idolatría por su papel sexual, costumbres fuera de las cristianas estaban siendo contempladas en la iglesia y existía un gran desorden con respecto a dones de profecía, entre otras cosas.


En este sentido Pablo en el capítulo 14 habla sobre ‘El orden en las reuniones de la iglesia’ en donde compila varias instrucciones para evitar confusión dentro de las congregaciones. En el versículo 39 dice: “Hermanos procuren profetizar y no impidan que se hable en lenguas pero hágase todo decentemente y con orden”, establece turnos e interpretes para hablar sobre profecías y en medio de ello comanda que la mujer sea informada de lo revelado en casa por sus maridos; esto no es para quitarle importancia a la mujer en la iglesia, esta instrucción es para procurar mantener orden y comprensión en la iglesia de Corinto, no una instrucción general a toda las iglesias.


En 1 Corintios 11:5 Pablo da pautas para que la mujer realice profecías, note que esto es una instrucción a como profetizar, no un impedimento a actuar activamente en las iglesias; desde los primeros cristianos en el Siglo I las mujeres tienen roles relevantes dentro del evangelio y es importante entender que el establecer roles no es discriminar, Dios no demerita las actividades destinadas para la mujer aunque las demarque, tener un rol en la iglesia no es incapacidad para realizar el otro, es establecer un orden en la congregación. La igualdad no es sinónimo de uniformidad, que el hombre tenga rol de pastor y la mujer tenga el suyo en el ministerio de oración o profecía no quiere decir que exista desigualdad, es Pablo mismo quien escribe en la carta a corintios 12:12 “Unidad y diversidad en el cuerpo de Cristo: Además, el cuerpo no es un solo miembro sino muchos. Si dice el pie: Por qué no soy mano, no soy del cuerpo ¿Por qué no sería del cuerpo? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿Dónde estaría el ojo? Si todo fuese oído ¿Dónde estaría la mano?” El rol no determina el valor de la mujer, es Cristo quien hace esto. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús” escribe Pablo en la carta a los Gálatas 3:28, este es un principio de igualdad, la mujer tiene delante de Dios el mismo valor que el hombre.


En un mundo que rechaza y quita a la mujer de papeles relevantes o relega su rol únicamente a sexo o esclavitudes a favor del hombre de élite, el pensamiento cristiano llega a darle un lugar importante en la historia y en el evangelio, mujeres como, Febe, Devora, Priscila, María, prestan ayudas a la iglesia, fomentan su crecimiento, ofrecen su casa como sitio de reuniones y cumplen tareas importantes para la expansión del mensaje del evangelio; un mensaje que además acaba con ideas culturales que afectaban y discriminaban de forma brusca a las mujeres, practicas como la esclavitud sexual en Roma, o como el Sutte en India, que consistía en quemar mujeres que perdían a su marido. En contraste, la carta de Santiago expresa que si deseamos hacer obras que agraden a Dios, ayudemos a estas viudas y nos ocupemos de sus problemas.

“El nacimiento de Jesús fue el punto de inflexión en la historia de la mujer” - L.F Cervantes.

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