Creer en Dios ¿Una fe ciega?

Por Daniel Urrego.


En la actualidad, muchas personas consideran que para creer en Dios es necesario abandonar la razón, que una persona desde su pensamiento y su raciocinio no aceptaría que existe un Dios, sino que más bien esto es un acto de fe ciega que no tiene evidencia alguna más que la experiencia propia de quien cree. Pero ¿es en realidad creer en Dios un acto irracional al que solo se accede por medio de fe ciega? O acaso ¿se puede creer que existe Dios por medio de la razón?

Para abordar el tema podemos partir de conocer qué es lo que nosotros conocemos como el ‘razonar’, y esto según academias de lenguaje (en el caso de hispanohablantes la Real Academia Española) es definida como la cualidad de razonar, es decir exponer argumentos para defender un punto. Sin embargo, debemos ir más a fondo y comprender cuales son las formas del ‘saber’ que nos pueden llevar a pensar que algo puede ser o no ser racional.

Respecto a la filosofía:

“Tradicionalmente se ha considerado que el saber filosófico tiene una justificación de naturaleza lógica, es decir, una tesis filosófica se acepta o rechaza en virtud de los buenos o malos argumentos que la sustentan, siendo la lógica la disciplina encargada de discernir la calidad de ellos” (Sánchez León, 2012).

En el campo de la ciencia, “el saber científico se justifica en la experiencia controlada mediante experimentos” (Sánchez León, 2012). Los tipos de saberes pese a ser diferentes, tienen validez.

Comúnmente en la actualidad las personas que niegan la existencia de Dios usan como argumento la suposición de que el conocimiento científico y empírico (método científico) no solo es un camino a la verdad si no que es el único válido para sostener una postura (cientificismo), y al ser Dios un ser indemostrable mediante el método científico, es entonces inexistente. (Smith, 2002). p.83

Veamos con más detalle el argumento cientificista; al declarar al saber científico como único válido, nos queda únicamente esta opción para evaluar la realidad de las cosas, sin embargo, es algo que sencillamente no podemos tomar como cierto, de otra forma, la belleza, la realidad de las matemáticas, la ética y la lógica no existirían porque son conceptos que no pueden ser evaluados mediante experimentación directa si no que más bien asumimos de otras formas, afirma William Craig (2015).

Podemos evaluar la postura cientificista desde el cientificismo mismo y evidenciar que resulta contradictoria en su núcleo: “Pregúntese usted: ¿puede ser la declaración ‘usted debería creer únicamente en lo que puede ser probado científicamente’ probada

científicamente? ¡Pues no! Usando un simple argumento de reducción a lo absurdo podemos ver que es insostenible desde su propio fundamento” (Díaz Pachón, 2016).

Es totalmente falso asumir que sólo el conocimiento científico es válido para afirmar la realidad de las cosas, en el caso de ‘Dios’ que no es contenido por lo meramente físico y material, es claro que para acceder a la respuesta debemos utilizar el saber filosófico y observar si en realidad sí hay argumentos válidos para creer en su existencia de una forma racional.

Al evaluar la existencia de Dios desde el saber filosófico tenemos diferentes argumentos que la favorecen, el primero de ellos es el argumento cosmológico del kalam que nace del argumento cosmológico inicial, propuesto por Tomás de Aquino en la Suma Teológica.

El argumento es de tipo deductivo, y consta de dos premisas y una conclusión. “Primero, cualquier cosa que comience a existir tiene una causa externa; Segundo, el universo comenzó a existir; Por lo tanto, el universo tiene una causa externa. (Craig, 2001). Pero esto no puede simplemente dejarse allí, requiere de una evaluación.

Primero, debemos evaluar si todo lo que comienza a existir tiene una causa; nuestra experiencia directa nos dice que esto es cierto, por sentido común podemos argumentar que todo lo que comienza a existir tiene un causa previa a ella en tiempo y relación. “Imagínese que de pronto oye un gran golpe... y me pregunta: ‘¿Qué fue ese golpe?’ y yo le contesto: ‘nada, solo sucedió’. Usted no aceptaría eso” (Nielsen, 1971). p.48

La siguiente premisa a evaluar sería, ¿El universo comenzó a existir?

La ciencia, da una fuerza imparable a esta premisa. Hace algunos años se creía que el universo era eterno en el tiempo, no tenía fin ni tampoco comienzo. Stephen Hawking (1996) reconoce, “Casi todos ahora creen que el universo, y el mismo tiempo, tuvo un comienzo con el big bang”p.20. Alexander Friedman y Georges Lamaitre trabajando con las ecuaciones de Einstein predijeron que el universo se está expandiendo, y esto indica que en un momento de tiempo en el pasado finito nuestro universo se redujo a un solo punto. además, La segunda ley de la termodinámica nos indica que el universo se está quedando sin energía usable, si hubiese existido desde siempre, la energía ya se habría agotado. (Craig International, 2016). “Los científicos no pueden ocultarse más en un universo eterno en el pasado. Deben enfrentar el problema de un comienzo cósmico”. (Vilenkin, 2006).

Tras evaluar las premisas y ver que son ciertas y razonables, podemos entonces concluir que el universo tiene una causa externa. Ahora pues, haremos observaciones a las características del universo con el objetivo de deducir las características de la causa.

Con el universo comenzó a existir la materia, el tiempo y el espacio; por lo tanto la causa ha de superar estas tres limitaciones. También vemos que el universo tiene un orden establecido por medio de las leyes naturales, por tanto la causa ha de ser legisladora; este también da claras señales de diversidad, por lo que la causa debe ser creativa, manifiesta inteligibilidad por lo que la causa debe ser inteligente; y por último el universo al comenzar a existir muestra que la causa debe ser personal debido a que tiene la capacidad de decidir diseñar. Al observar estas características podemos concluir de forma racional que la mejor explicación para la causa del universo es lo que conocemos como ‘Dios’. (Valdés, 2016). Esto muestra que de hecho es bastante razonable creer que Dios, sí existe.

Vamos entonces a evaluar una de los argumentos por los cuales muchos ateos y agnósticos, incluyendo a Richard Dawkins quien es quizá el más destacado de todos, rechazan que sea Dios la explicación del origen.

“Ahora bien, si la fuerza creadora se concibe, como en efecto se hace, como algo existente, su origen debe ser también explicado dentro de una teoría cosmológica… Evidentemente, explicar el origen de tal fuerza creadora postulando otra fuerza creadora de mayor jerarquía no soluciona el problema”. (Sánchez, 2012). p.53

Este problema se puede sintetizar en la pregunta ¿Quién creó Dios? Y tiene mucho sentido cuando el Dios diseñador no es el adecuado, sin embargo, en el caso del Dios bíblico, por ejemplo, este problema se soluciona al pensar en las características que tiene. Debido a que con anterioridad vimos que una de sus características necesarias es estar por fuera del tiempo, este Dios es entonces eterno y sale de las cosas que el argumento abarca; revisemos la premisa inicial: fíjese que está enfatiza que todo lo que comienza a existir, tiene una causa. Al ser Dios un ser eterno, no tiene un comienzo ni un final, por lo tanto no necesita una causa, sino que es El la causa en sí misma. Preguntar entonces, ¿Cuál es la causa de un ser no causado? Es una contradicción, como preguntar ¿Quién es la esposa del soltero?

Evaluando esto podemos avanzar a ver otro de los argumentos a favor de la existencia de Dios como diseñador del universo.

El ‘Argumento teleológico del ajuste fino’, tiene su origen en el descubrimiento de la singularidad que tienen las constantes cosmológicas y la inmensa improbabilidad de la vida y la existencia del universo como la conocemos. Stephen Hawking en su libro ‘Una breve historia del tiempo’ (1988) calculó que si un segundo después del big bang el ritmo de expansión del universo hubiese sido menor en una parte en cien millones, el universo se habría convertido en una bola de fuego. p.123

William Lane Craig, teólogo y filósofo, en su charla con Lee Strobel (2001, p.87) habló acerca de las estadísticas dadas:

P.C.W. Davies, físico británico (1980) concluyó en que, las posibilidades en contra de las condiciones iniciales son adecuadas para la formación de las estrellas, una necesidad para los planetas y por la tanto para la vida, es un uno seguido por al menos un billón de ceros. p. 160-161.

Davies también concluyó que si la fuerza de gravedad o la de la ‘fuerza débil’ se cambiará por solo una parte en un diez seguido por cien ceros, la vida nunca se hubiera desarrollado. p.168-169.

Podemos tomar diferentes caminos con base en el ajuste fino, puede o ser mera casualidad, o ser necesidad física o intención de un diseñador. Evaluemos las opciones de forma racional, la probabilidad de que estas condiciones se hayan dado por mera casualidad es matemáticamente ridícula al punto que no merece la pena tomar dicha opción, de acuerdo a lo dicho por Davies y Hawking, estamos hablando de una potencia a un número absolutamente inmenso. Respecto a la opción de necesidad física, podemos descartarla al

darnos cuenta que no solo existe la posibilidad de que no se diera la vida como la conocemos, sino que además, esta probabilidad es infinitamente mayor, por lo tanto no es una necesidad del universo ser de esta forma, pudo no existir de no ser por la última opción que considero es la más racional, este universo está diseñado con una intención de existir y es producto de una intervención con propósito por parte del diseñador, quien sabiamente ajustó a la perfección cada uno de los valores para que en un mar de improbabilidades, la vida pudiese darse.

Patrick Glynn quien abandonó su ateísmo para convertirse en cristiano, en su libro ‘God: The evidence’ [Dios: La evidencia] dice:

“Hoy, los datos concretos señalan contundentemente en dirección a la hipótesis de Dios…. Los que desean oponérsele no tienen teoría comprobable que ordenar, solo especulación referente a universos nunca vistos, hilados en la imaginación fértil de científicos… Es irónico, pero la imagen del universo que nos donó la más avanzada ciencia del siglo veinte, está más cerca del espíritu de la visión presentada en el libro de Génesis, que cualquier cosa que ofreció la ciencia desde Copérnico”(Glynn, 1997) p.53-54, 26.

¿Es posible creer en Dios de forma racional? Hasta el momento hemos visto que definitivamente sí es bastante razonable creer en Dios, sin embargo, podemos ir un poco más allá para fundamentar la tesis.

Si examinamos a fondo, creer en Dios no solo resulta ser una opción racional si no que resulta ser el fundamento de la racionalidad misma. John Lennox, matemático y físico de la Universidad de Oxford lo comenta de la siguiente forma:

“Mi mayor problema con el ateísmo es que socava la racionalidad, porque ve al universo de forma reduccionista en la que trata de reducir todo a la física y la química y no creo que ellas tengan el poder explicativo para responder a preguntas de significado…. El hecho mismo de que podamos hacer ciencia es una de las evidencias más grandes de que hay un Dios tras el universo”.

Martin (2002) muestra en su artículo web, las palabras de Lennox en su debate en 2007 contra Dawkins, acerca del punto de vista del naturalismo para la evolución:

“Los nuevos ateos nos quieren hacer creer que no somos más que una colección aleatoria de moléculas, el producto final de un proceso sin guía. Esto, de ser cierto, socava la racionalidad que necesitamos para estudiar la ciencia. Si el cerebro fuera en realidad el resultado de un proceso sin guía, entonces no hay razón para creer en su capacidad de decirnos la verdad”.

Es claro, que si vemos que hay inteligencia en nosotros y si creemos que podemos hacer ciencia de forma concisa, lo razonable es creer por lo tanto que hay una inteligencia, que diseñó nuestro cerebro con el propósito de descubrir todo lo demás que compone su creación.

El tema de Dios es sin duda inmenso, tiene muchos caminos y muchas preguntas por responder, pero tomando como base los argumentos que hemos visto podemos concluir que por medio de razonar y examinar evidencias a favor de la existencia de Dios, de una forma efectiva nos damos cuenta que no hay que abandonar la razón, ni sumergirse en una fe ciega para creer que hay un Dios detrás de nuestro universo, si no que dicha opción es bastante razonable.

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